El poder de estar cuando más te necesitan

El valor de una madrina: una historia de esperanza, transformación y gratitud.

En Netwomening creemos que acompañar es mucho más que ayudar. Es estar, escuchar, orientar, compartir tiempo y caminar al lado de otra persona mientras encuentra su propio camino. Por eso existe la figura de la madrina: una mujer voluntaria que decide regalar parte de su tiempo, su experiencia y su cariño para acompañar a otra mujer que está comenzando una nueva vida en España.

Ser madrina no significa tener todas las respuestas ni poder resolver todas las dificultades. Significa estar ahí cuando las cosas se complican, ayudar a descubrir caminos que antes parecían invisibles, ofrecer seguridad cuando todo resulta desconocido y, sobre todo, transmitir algo que a veces marca la diferencia: la certeza de que no estás sola. Acompañar también transforma. Porque, aunque una madrina llega con la intención de apoyar a otra mujer, en ese camino se crean vínculos, aprendizajes y afectos que dejan huella en ambas.

Como voluntaria y madrina de esta red, hay historias que te recuerdan por qué merece la pena dedicar tiempo y energía a este proyecto. Historias que ponen palabras a algo que a veces resulta difícil explicar: el impacto que puede tener en la vida de una persona encontrar a alguien que camine a su lado cuando más lo necesita.

Hoy queremos compartir algo muy especial: las palabras que Sonia Kakar, una de nuestras ahijadas, ha querido dedicar a Laura Muñoz, su madrina.

Un testimonio escrito desde el corazón que nos recuerda por qué creemos tanto en el acompañamiento y por qué una relación que comienza con un gesto de solidaridad puede convertirse en algo que cambia vidas.

Laura, conocerte ha sido como volver a nacer

Una historia de esperanza, transformación y gratitud.

Mi nombre es Sonia Kakar y quiero compartir una parte de mi historia.

Llegué a España en 2025 con la esperanza de construir una nueva vida para mí y para mi familia. Sin embargo, cuando llegas a un país desconocido, poco a poco descubres que empezar de cero significa mucho más que cambiar de lugar de residencia. Significa aprender a vivir de nuevo, conocer una cultura diferente, encontrar tu lugar en una sociedad distinta e intentar abrirte camino en medio de tantas incertidumbres.

Al principio, pensábamos que, una vez completados los trámites de nuestros documentos, podríamos empezar a construir nuestra vida de manera independiente. Pero, cuando llegó el momento de dar ese paso, nos encontramos con una realidad mucho más difícil de lo que habíamos imaginado.

No conocíamos el idioma, no teníamos una red de apoyo y nos faltaban las herramientas necesarias para desenvolvernos en nuestro nuevo entorno. Encontrar trabajo se convirtió en un gran desafío, no solo por la barrera del idioma y nuestra falta de experiencia en el mercado laboral español, sino también porque desconocíamos el funcionamiento del sistema administrativo de este país.

A veces, tenía que acudir diez veces a una misma oficina para resolver un trámite y, a pesar de todos mis esfuerzos, regresaba a casa sin una solución, como si hubiera vuelto al punto de partida. Cada puerta que se cerraba ante mí, cada gestión que no conseguía resolver y cada día que pasaba sin encontrar trabajo aumentaban mis preocupaciones. Mientras tanto, llegaba el momento de pagar el alquiler y las responsabilidades de la vida y de la familia no esperaban.

Hubo un momento en el que me sentía profundamente desesperanzada. Durante un viaje para visitar a mi familia, me sorprendía pensando una y otra vez que quizá ya no quería regresar a España. Alicante, una ciudad que hoy considero la más hermosa del mundo, en aquellos días se había convertido para mí en un lugar asociado a la preocupación, la soledad y la desesperanza.

Me dolía no poder comunicarme con facilidad, no saber cómo enfrentarme a las dificultades administrativas y sentir que, a pesar de todos mis esfuerzos, no conseguía avanzar en la vida.

Y fue precisamente cuando más necesitaba recuperar la esperanza cuando recibí una noticia que cambiaría el rumbo de mi vida.

En los últimos días de mi viaje, desde Netwomening me informaron de que habían encontrado una madrina para mí. Me preguntaron si quería conocerla.

En aquel momento, más que nunca, necesitaba tener a alguien a mi lado; alguien que me orientara, me apoyara y me hiciera sentir que no tenía que enfrentarme sola a todas las dificultades de la vida. Acepté aquella propuesta sin imaginar hasta qué punto llegaría a significar tanto para mí.

A mediados de agosto de 2026 conocí a Laura Muñoz, mi madrina.

Conocí a una mujer que no es mi madre, pero que sabe ejercer la maternidad; una mujer que sabe cuidar, acompañar y ofrecer a otra persona seguridad y tranquilidad desde el corazón.

Laura ha sido para mí como una maestra que enseña a una alumna de primer curso a desenvolverse en un mundo completamente nuevo. Con paciencia y dedicación, me ha ayudado a comprender una sociedad, una cultura y un sistema que hasta entonces me resultaban desconocidos.

Sus palabras inspiran, su manera de hablar transmite ternura y su mirada tiene algo especial: una fuerza capaz de hacerte sentir que puedes conseguirlo, de recordarte tu propio valor y de mostrarte que todavía hay muchos caminos por descubrir.

A veces, no necesitamos a alguien que resuelva todos nuestros problemas por nosotros. Necesitamos a alguien que permanezca a nuestro lado mientras aprendemos a resolverlos, que confíe en nosotros cuando empezamos a dudar de nuestras propias capacidades y que, con sus actos y su presencia, nos recuerde que no estamos solos.

Eso es lo que Laura ha significado para mí.

En menos de tres meses, mi vida y la de mi familia han experimentado una transformación que, sin su apoyo, quizá nos habría llevado años alcanzar.

Hoy, mi marido y yo asistimos a clases de español. Ambos hemos conseguido nuestros propios trabajos y ahora miramos al futuro con una esperanza y una motivación renovadas. También tenemos planes para continuar nuestros estudios y ampliar nuestras oportunidades en la vida.

Poco a poco, estamos recuperando algo que las dificultades habían ido apagando dentro de nosotros: la confianza en nosotros mismos y la capacidad de imaginar un futuro mejor.

Y hay algo más que también ha cambiado.

Alicante, la ciudad que un día fue para mí un símbolo de desesperanza, hoy es la ciudad más hermosa del mundo.

No porque todos mis problemas hayan desaparecido, sino porque ahora miro a mi alrededor con otros ojos. Hoy veo posibilidades donde antes solo veía obstáculos. Donde antes encontraba puertas cerradas, ahora veo caminos por los que avanzar. Vuelvo a sentir que mi familia también puede construir un futuro luminoso en esta tierra.

Cuando pienso en Laura, no pienso únicamente en los trámites que me ha ayudado a realizar, en las oportunidades que me ha orientado a buscar o en los pasos que me ha enseñado a dar. Pienso en algo mucho más profundo: en cómo la presencia de una persona puede transformar la manera en que otra mira su propia vida.

A veces, un encuentro ocurre en el momento más oportuno y se convierte en un punto de inflexión en nuestra vida. Ese encuentro no cambia necesariamente todas las circunstancias de manera mágica, pero sí transforma la fuerza con la que nos enfrentamos a ellas.

Para mí, conocer a Laura ha sido uno de esos encuentros que marcan un antes y un después.

Quiero expresar mi más profundo agradecimiento a Laura Muñoz y a Netwomening por haber hecho posible esta experiencia. Gracias por creer en el valor de acompañar a las personas, por crear vínculos que van más allá de la ayuda puntual y por demostrar que la solidaridad y el apoyo humano pueden transformar vidas.

También deseo que mi historia llegue a otras mujeres que, como yo, se han visto obligadas a empezar de nuevo lejos de su hogar; mujeres que se sienten perdidas en un país desconocido, que se cansan de llamar a puertas que no se abren y que, en ocasiones, han llegado a pensar que ya no tienen fuerzas para continuar.

Quiero decirles que no pierdan la esperanza. A veces, encontrar a una persona que crea en nosotras puede ser el comienzo de una nueva etapa en nuestra vida.

Laura, conocerte ha sido como volver a nacer, para mí y para mi familia.

Gracias por caminar a mi lado, por enseñarme con paciencia, por acompañarme con cariño y por ayudarme a comprender que todavía tengo muchas cosas que aprender, construir y soñar.

Algunas personas llegan a nuestra vida y nos dejan recuerdos. Otras nos ayudan a encontrar nuestro camino. Pero también hay personas que aparecen justo cuando más las necesitamos y nos devuelven algo que creíamos haber perdido: la esperanza.

Con todo mi cariño, mi gratitud más sincera y desde lo más profundo de mi corazón,

Sonia, la abuela

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